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viernes, 11 de diciembre de 2015

Salvada por una serie

Cuando una escena de In the flesh me salvó la vida.

Hace mucho que quiero hablar de esta serie y siempre lo postergo porque pienso que no voy a hacerle justicia. Y seguramente no lo consiga, pero ya no quiero guardarlo más.
Primero, se las presento. In the flesh, miniserie creada por Dominic Mitchell y transmitida entre 2013 y 2014 por BBC Three.
4 años después de que los muertos dejen sus tumbas, el gobierno empieza a reincorporarlos a la sociedad. Entre ellos, tenemos a Kieren Walker, que regresa a su pequeño pueblo, y a sus demonios. ¿Hasta acá que les parece? Claro que sí, lo de siempre, zombies y más zombies. Personajes que la industria explotó hasta cansarse. Bueno, déjenme decirles que no es así. Que eso pensaba y me equivoqué. En In the flesh, la condición de PDS sufferers queda en un décimo plano. 
Estaba viendo videos de Keaton Henson, unos de mis cantantes favoritos y la gente no paraba de comentar “Estoy acá por In the flesh”. Me dio curiosidad y busqué la reseña. “Ni loca”, pensé, “Estoy harta de los zombies”. Pero no tengo decisiones firmes así que, una hora después, terminé el capítulo. 
Tiene solo dos temporadas, con 9 capítulos en total. Al otro día ya la había terminado. Me encantó. Me identificaba mucho con Kieren y quería la personalidad de Amy. 
Dejó de existir en mi mente, más allá de algún recuerdo espontáneo. Hasta que hace unos meses, estaba en lo más profundo de ‘mi caja negra’, como decidí llamarla. Y mientras estudiaba, puse las temporadas de nuevo. (Bueno, “estudiar”, hacía meses que mi cabeza no procesaba una idea.) Había pensado en cualquier salida para dejar de sentirme así. La que sea, la más rápida. Y en eso, termina un capítulo donde Kieren y el padre tienen una escena desgarradora. Ojalá hubiese juntado las lágrimas de esa noche, habría llenado varias jarras. En ese momento, me di cuenta que no podía hacerle eso a mis padres. Que no podía permitir que mi papá se sienta como el padre de Kieren, jamás. 
E hice la llamada que me salvó. Llamé a mi mamá y le conté lo que estaba haciendo. Self harm por años. Salvo que esta vez, no podía parar.
Pasaron casi seis meses, con tratamientos y amor de mi familia y amigos. 
Como a Kieren. 
Ellos volvieron de la muerte. Yo gracias a ellos, nunca la conocí.

domingo, 30 de agosto de 2015

El por qué de este blog

No quiero empezar acotándolo. Así que hoy, 30 de agosto de 2015 pienso que su contenido será:

-Libros
-Películas
-Música
-Cualquier cosa que ande en mi cerebro creyéndose importante
-Textos propios
-Textos ajenos

Después vemos. Me gustaría saber cómo se va a plasmar mi inestabilidad a través de las entradas. Porque no creo que lo haya dicho, pero soy ansiosa. Ansiosa nivel mil. Y cambio mucho de idea, como todo ser que respire. No soy especial y lucho contra los que dicen que sí. Que no son tantos tampoco. Es más, si los contabilizo llegaré a la miserable suma de uno: mi mamá. ¿Triste? Creo que no, me alegra tenerla para que haga conmigo todas las cosas de madre que quiera.
Agustina, ¿no deberías tener un diario y ya? ¿Para qué publicar?
Para encontrar a más como yo.
Y fundamentalmente, porque estoy harta de callar. Porque callar y ocultarse hace mal. Conozco bien las pocas desventajas del silencio.
Y, sobre todo, porque el arte es mi mundo.
¡Hola público invisible! No hay ninguno ahí ahora. Espero que eso cambie.
Me gustan los cambios.